NUESTROS TEJIDOS, NUESTRO VALOR

NUESTROS TEJIDOS, NUESTRO VALOR

No es desconocido por nadie, que mantener viva una relación a través de los años es más difícil que tener muchas relaciones a lo largo de la vida. Se trata no sólo de conseguir que la llama no se apague, sino de saber adaptarse a todo lo que nos ocurre en la vida, evolucionar o simplemente cambiar junto a la otra persona.

Compartir y sobrevivir juntos a cada giro de guión que nos da la vida, es la mayor aventura a la que se enfrenta una relación.

Para nosotros, casarse no es el final de la historia, sino uno de esos grandes momentos que guardaremos en el corazón para toda la vida. Un momento de alegría que compartir con tu pareja,  con tu familia y con tus amigos. Y, por qué no decirlo, un paso más en la evolución de la relación.

Os comento esto porque hoy hemos decidido dar un paso más en nuestra relación. En la de Ernesto Terrón con vosotros. Hemos decidido hacer lo posible para que nuestros lazos se unan eternamente. Para evolucionar juntos en un mundo que pide a gritos que se hagan mejor las cosas. Pues venga: hagámoslas bien.

En el post de hoy, os enseñaremos qué hace Ernesto Terrón con sus tejidos para que esté considerado un taller de alta costura nupcial de vanguardia, y pueda lucir con orgullo ciertos sellos y certificaciones. Lo que estáis a punto de leer es lo que nos distingue de cualquier otro taller de España, y nos vincula a sólo unos pocos en todo el mundo.

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Empecemos antes por la problemática. Ya os dimos unas pinceladas en artículos anteriores, pero creemos que es necesario conocer, al menos vagamente, la situación de las materias primas con las que trabajamos. Y os aseguramos que encontrar tejidos naturales, que no hayan sufrido ninguna transformación química, ha sido un verdadero dolor de cabeza.

Ernesto Terrón utiliza diferentes materias primas, como el algodón, el lino o la seda para sus tejidos, y como todo el mundo supondrá, las texturas resultantes tienen que ser exquisitas. Vamos a examinar en detalle alguno de estos materiales, los más comunes empleados en la confección.

El algodón que se utiliza para la industria textil es uno de los grandes problemas medioambientales y sociales de nuestro tiempo. Hay una evidente sobreproducción de fabricación. Actualmente, se calcula que se cultiva suficiente algodón como para que cada habitante del planeta tenga 18 camisetas cada año.

Aproximadamente, el 40% del algodón que se produce a escala mundial es transgénico. Esto significa que su semilla ha sido modificada genéticamente para que la propia planta sea un repelente para plagas. Es decir, que la propia planta incorpora a su genética sustancias químicas artificiales, pesticidas.

El problema de salud que conlleva el uso de este tipo de plantas tiene una sombra alargada, y muy diferentes caras. Para empezar, las personas que trabajan con el algodón, ya sea recolectores, agricultores, transportistas o fabricantes, sienten los efectos en primer lugar. Se calcula que alrededor de 28.000 trabajadores de estos cultivos pierden la vida al año.

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Para el consumidor, la cosa tampoco pinta muy bien. Se ha comprobado que los tejidos siguen conteniendo esas sustancias dañinas, catalogadas como potencialmente cancerígenas, durante mucho tiempo, incluso resistiendo los lavados.

Para el suelo y el medio ambiente, resulta fatal. Todos tenemos en mente las imágenes de esos interminables campos de algodón de EEUU o la India, ¿verdad? Destinan cientos y cientos de hectáreas a un mismo cultivo. A eso se le llama monocultivo.

Pues bien, para una especie animal que viva del algodón, esto le viene que ni pintado. Más comida hará su comunidad más próspera y más prolífica, con lo que en poco tiempo se convertirá en una plaga. ¿Y qué pasa si tenemos una plaga? Echamos más pesticidas.

Se calcula que el 25% de los insecticidas utilizados en el mundo va a parar a los cultivos de algodón, que ocupan sólo un 3% de la superficie del planeta. Una sobresaturación que, evidentemente, afecta al medio físico circundante. Así que no sólo perjudica a los trabajadores, sino a sus familias y a comunidades enteras.

Aunque el algodón es el producto estrella de la industria textil, no podemos olvidarnos de otros con los que se trabaja en nuestro sector, y que ya estamos investigando: el lino y la seda.

El lino, que tiene una textura parecida al algodón, requiere muy pocos pesticidas. En cierto modo,  su cultivo en el medio físico tampoco resulta tan agresivo. Sin embargo, teniendo en cuenta la desventaja de que se arruga con demasiada facilidad, suele mezclarse con fibras sintéticas o productos químicos igualmente agresivos para la salud.

La seda, por otra parte, es una de los mejores materias primas que podemos encontrar en la naturaleza. Versátil, suave pero resistente, brillante y capaz de mantener la temperatura de la piel por su baja conductividad, es muy apreciada por cualquier diseñador de vestidos de novia.

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El problema de la seda es de nivel ético. Teniendo en cuenta que el origen de este material son las crisálidas que los gusanos utilizan para su proceso de transformación en mariposas, echarlas en agua hirviendo a mitad de ese proceso nos parece un poco sádico. Todo quedaría en un problema ético menor, si no fuera porque el “cultivo” de este tipo de materia prima alcanza niveles de genocidio entre esa especie de gusanos.

Así que, ahora que eres consciente de lo que se cuece en el escenario mundial, te será más fácil entender por qué hacemos lo que hacemos. Cuando nos decidimos a buscar proveedores con certificaciones ecológicas, nos sorprendió lo difícil que fue. No en vano, nos costó cinco largos meses encontrar el adecuado.

Pensadlo: 5 meses. En ese tiempo nos dimos cuenta de que la industria textil, pese a que la conciencia global está cambiando, a las normativas cada vez más sostenibles que impone la UE y a los problemas de salud que está causando su actividad, no está preparada para hacer las cosas diferentes.

Pero nosotros sí.

Fueron 5 meses de llamadas telefónicas, de visitas, de viajes, de pruebas y errores, que muchas veces amenazaban con desanimarnos. Era como si nadie hubiera pensado que las materias primas orgánicas pudieran estar presentes en un vestido de novia. Ni siquiera los mismos proveedores de tejidos ecológicos.

Pero al final, conseguimos desarrollar un vestido de novia excepcional, confeccionado con un 91,6% de materiales orgánicos. Se trata de nuestro modelo Terrón Eco 1.7

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Os decíamos al principio del artículo que el matrimonio no es el final de la historia. Es sólo un paso muy importante en nuestra relación. Terrón Eco 1.7 también lo es. Seguimos buscando proveedores, incluso haciendo que los que siempre hemos utilizado busquen formas de conseguir materias primas más sostenibles. Estamos tratando de conseguir que el 100% de nuestros vestidos se confeccionen con material orgánico; intentamos encontrar la forma de que en nuestros vestidos se usen tintes adecuados que no dañen el entorno; buscamos la manera de mejorar la eficiencia energética de nuestras máquinas, de nuestra logística y de nuestro packaging, para innovar de forma sostenible.  Toda una serie de medidas transformadoras, tanto de nosotros como de nuestra cadena de proveedores y entorno empresarial, que estamos seguros que será capaz de contribuir en lograr que éste sea un mundo mejor.

Así que como veis, aún nos queda mucho camino por delante. Muchas aventuras por vivir, y muchas historias que contaros. Nuestro compromiso es vuestra felicidad, para que nuestras novias no sólo se sientan perfectas el día de su boda, sino orgullosas de vestir un Ernesto Terrón. 

Para que nuestra relación, la de todo nuestro equipo con todos vosotros, sea para toda la vida.

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