Lágrimas de pura felicidad

Lágrimas de pura felicidad

Seguro que alguna vez te has pasado toda una tarde de tiendas, en el centro comercial o en unos grandes almacenes, buscando un vestido para una ocasión especial. Una cena interesante, una reunión importante, una fiesta de fin de curso, una celebración tradicional, un acto solemne… El caso es que da la impresión de que existe un vestido ideal para cada evento. Se busca uno que encaje con el lugar al que vas a ir, sí, pero también que sea capaz de combinar con algún complemento, como ese collar que tanto deseas ponerte o este bolso y aquellos zapatos. Pero sobre todo, sobre todo, el vestido tiene que encajar contigo: con la actitud que vas a tener y con la forma en la que quieres que los demás te vean. Un vestido que sea capaz de expresar con qué ánimo vas a estar en el evento y qué lugar ocupas en él.

Así que no echemos balones fuera. Sabes bien que en el fondo eso de yo con cualquier cosa tiro no es del todo cierto. Elegir el vestido adecuado es una tarea difícil, toda una ciencia incluso, si se quiere causar una buena impresión y estar a gusto con una misma.

Ernesto Terron novias

Y resulta que al final lo encuentras. Y parece que el reloj se para. Tras unas horas de búsqueda e innumerables visitas a los probadores. . . sí, ya es tuyo. Estarás perfecta.

El vestido que has elegido te hace sentir bien, probablemente feliz. Pero, ¿sabéis qué es una de las cosas que nos diferencian del resto de negocios del mundo de la moda? Que cuando una novia encuentra el vestido perfecto, rompe a llorar. De pura felicidad. Algo precioso acaba de desencadenarse, las emociones se dan rienda suelta y tanto la novia como todos los que la ven con el que será el vestido que la acompañe el día de su boda, parecen estar en una nube.

Os engañaríamos si os dijéramos que en Ernesto Terrón no sentimos un subidón por formar parte e incluso tener un poquito de culpa de un momento tan especial. Decimos con orgullo, casi con altivez, que esas lágrimas son las que diferencian a la moda nupcial de la moda convencional. 

Ahora bien, ¿estamos seguros de que esas lágrimas son de felicidad?

Ernesto Terron novias

Cada vez más, nos llegan los ecos de que la industria de la moda arrastra problemas de precariedad laboral e incluso esclavismo en países en vías de desarrollo. Puede que en alguna parte, tal vez de soslayo, hayamos oído hablar de fábricas localizadas en la India o en Indonesia que se han quemado o derrumbado, o incluso de revueltas de trabajadores que piden un sueldo digno y han sido duramente reprimidos por el gobierno.

Cuando te dedicas al mundo del textil, estas realidades te afectan con intensidad. Mirar hacia otro lado se hace difícil, muy difícil. Se hace tan difícil, que al final concluyes que lo mejor es afrontarlo, tratar de cambiarlo. Que por lo menos tú seas capaz de transformar tu pequeño negocio, para poder tener la cabeza bien alta y levantarte todos los días con una sonrisa sincera iluminando tu la cara.

Tal vez penséis que éste no es un buen sitio para hablar de estos temas, pero hoy vamos a permitirnos el lujo de corregiros: es el mejor. No hacerlo sería un ejercicio de irresponsabilidad por nuestra parte.

La fórmula del horror es muy fácil de entender. Una empresa obtiene un beneficio mayor en el producto que vende cuanto más barato compre a proveedor. En este sector, abaratar el coste de la compra se consigue de dos formas: consiguiendo materias primas más baratas y disminuyendo las condiciones laborales de los trabajadores que las manufacturan.

Para conseguir materias primas más baratas, se cae en prácticas que perjudican a la salud y al medio ambiente de forma fatal. No por casualidad, la industria textil es la segunda industria más contaminante del mundo.  La demanda de algodón es tan alta, por ejemplo, que se necesita tratar genéticamente la semilla de la planta y a la vez estresar los cultivos con químicos para que la producción no cese durante todo el año. El uso de estos químicos ocasiona graves enfermedades a los agricultores y a sus familias, con resultados fatales la mayor parte de las veces. Y la tierra a la larga queda tan afectada, que se convierte en poco más que un yermo de residuos tóxicos. Para que os hagáis una idea, sólo en una región concreta de la India se calcula que se vierten 50 millones de litros de estos residuos al día.

Ernesto Terron novias

Disminuir las condiciones de los trabajadores es la otra práctica común. Y aquí no hablamos sólo de bajos sueldos y de largas jornadas laborales. Hablamos de hacinamiento, de sueldos que dan para poco más que comer, de trabajo de sol a sol de lunes a domingo; hablamos de empleo infantil, de represión, de acoso, de corrupción, e incluso de esclavismo y malos tratos. Hablamos de que, por ejemplo, el techo del oscuro sótano en el que estás metido cosiendo día y noche junto a otras trescientas personas, se te caiga un día sobre la cabeza y no vivas para coser mañana.

Para nosotros era imprescindible no mezclarnos en esa espiral macabra. No sabíamos muy bien cómo lo íbamos a lograr. Intentar asegurar que en toda tu cadena de proveedores no haya un punto negro es muy difícil, y más para una pequeña empresa como nosotros. Sin embargo, nos pusimos manos a la obra. En el futuro, os daremos pistas de cómo lo hemos logrado.

Queríamos que, cuando una novia llorara al descubrir cuál sería el vestido de su boda, lo hiciera de felicidad. De felicidad plena. Queríamos que en esas lágrimas no hubiera espacio para la tristeza, por toda esa gente que está sufriendo, enfermando y muriendo al otro lado del mundo para que alguien pueda elegir el vestido perfecto. Así de simple. Debíamos dar un paso muy importante, tal vez arriesgándonos a comprometer nuestras cifras, pero siendo conscientes de que esto también nos haría ser únicos.

Así que no, no hay motivos para llorar cuando vistas un Ernesto Terrón, a menos que quieras hacerlo de alegría. Y podemos decir, con orgullo, que ése es otro de nuestros grandes valores.

Y para terminar, un consejo. Mientras esperáis a que os contemos cómo lo hemos hecho, podéis poneros al día con uno de los documentales más reveladores sobre el tema. True Cost. Una narración y un testimonio visual que no te dejará indiferente.

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