Por dónde empiezo

Por dónde empiezo

Trabajar con vestidos de novia es algo apasionante. Todavía hoy, después de tantos años, nos cuesta decidir si esa pasión es fruto de una vocación indómita, o si es el resultado de vivir un día a día tan intenso. Intenso de ideas, de emociones, de arte; pero también de saber escuchar, de adaptarse a los problemas y cambios improvisados que siempre acaban apareciendo, y de encontrar el camino para que tu trabajo sea perfecto. De hecho, nos atreveríamos a decir que en pocas actividades comerciales se establece un vínculo tan estrecho entre el cliente y el producto como en la nuestra. O por lo menos, según nuestra forma de hacer las cosas. 

Éste fue el punto de partida para decidirnos a hacer algo diferente. Para ir un poco más allá. Si teníamos un contacto tan activo con las clientes, si nos nutríamos de sus querencias, de sus ilusiones y de sus sentimientos, si queríamos que se sintieran genial el día de su boda, ¿por qué no hacer que nuestros vestidos no sólo consiguieran ese resultado en las novias, sino en el conjunto de la sociedad?

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Empezamos a pensar cómo podríamos sacar partido social a nuestro negocio en ese sentido, y descubrimos un mundo de posibilidades. Ese punto de partida se fue ampliando cada vez más, hasta descubrir que éramos capaces de mucho haciendo muy poco. 

En nuestras investigaciones iniciales, por ejemplo, nos encontramos con marcas internacionales de renombre, con un fuerte componente social. Estas marcas, por qué negarlo, nos sirvieron de inspiración. Hablamos, por ejemplo, de las zapatillas Toms, empresa cuyas iniciativas sociales nos parecieron brutales. Empezaron con una campaña llamada “One for One”, que consistía en que, si una persona compraba un par de zapatillas, la propia empresa donaba otro par a niños con necesidad de calzado. Y sí, necesidad es necesidad. Se necesita calzado en comunidades poco salobres o con escaso acceso a medicamentos, en las que una herida en los pies puede resultar en una enfermedad grave o incluso fatal para un niño; también se necesita cuando el colegio está a varios kilómetros del hogar y los niños tienen que recorrer largas distancias con los pies descalzos. A día de hoy, Toms ha donado más de 60 millones de pares de zapatos.

Y la verdad es que no se han quedado ahí. Tienen programas de ayuda a personas con problemas graves de visión (con lo que recaudan de su línea de gafas de sol), programas de acceso a agua limpia para comunidades que no disponen de ella, programas para la prevención de problemas derivados del parto en países en vías de desarrollo, e incluso programas destinados a la lucha contra el acoso escolar o bullying. 

Y todo empezó donando un par de zapatos. 

Actividades como ésta nos parecieron tan inspiradoras, que nos decidimos a no dejarlas pasar. Nosotros también podíamos hacer algo así. Es cierto que en España, desgraciadamente, éstas no son  prácticas muy comunes en las empresas. ¿Y qué, si éramos los primeros? Tanto mejor. Pero, ¿por dónde empezamos? Ésa fue nuestra primera pregunta, y tal vez la más difícil de responder.

 

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Al principio estuvimos dándole vueltas a la cabeza, afinando la puntería y descartando muchas buenas ideas. La verdad es que todo el equipo tenía muchas ganas de hacer algo así, y estábamos entusiasmados, pero había que ser realistas y no empezar la casa por el tejado. Así que decidimos poner la cosa en marcha con algo relativamente discreto. Y se nos ocurrió esto:

Cada vez que alguien compre un vestido de novia Ernesto Terrón, donaremos 50€ a una ONG. Cada vez que alguien compre alpargatas de nuestra marca, donaremos 5€.

Para empezar estaba bien. Sobre hacer más sostenible la fabricación del vestido en sí, en forma de materiales, procesos, proveedores, etc., trabajaríamos más adelante (en futuros posts os contaremos más sobre esto, pero os recomiendo estar atentos porque es toda una aventura). Y sin embargo, el tema del medio ambiente y el impacto que causaba en él nuestras materias primas era algo que queríamos atar en corto. Así que nuestra primera opción fue buscar la colaboración de una ONG con esta causa. Pensamos casi automáticamente en WWF, por su proyección y estatus internacional, por su seriedad y rigurosidad, pero sobre todo por el trabajo brillante que hace por todo el mundo. Si no os suena, que ya es extraño, seguro que caéis en la cuenta cuando os digamos que es la culpable de acciones como “La hora del Planeta”, en la que se apagan todas las luces eléctricas durante 1 hora en todo el mundo. Sí, la del osito panda.

Así que llamamos tímidamente a su puerta, y nos encontramos con que nuestra idea les parecía genial. ¡No nos lo podíamos creer! En ese momento, supimos que habíamos iniciado la marcha hacia algo grande, algo de lo que siempre nos sentiríamos orgullosos.

 

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En el aspecto puramente social, la elección fue más complicada. Es imposible contener la voluntad de ayudar a cualquier causa social, porque precisamente las ONGs de este tipo se inician por ella. Así que buscamos no sólo aquello que nos conmoviera, sino algo que casara bien con nuestro negocio. Encontramos entonces el proyecto “Por ser Niña”, de Plan International.

“Por ser niña” trabaja por los derechos de las niñas en todo el mundo, en diferentes ámbitos. En el terreno educacional, por ejemplo, vela por el acceso de las niñas al colegio, porque no es un secreto que la educación de las mujeres es uno de los pilares de una sociedad desarrollada y alejada de la pobreza. Además, luchan contra actividades tan terribles y de tanto impacto para la mujer y la sociedad, como el matrimonio concertado infantil o la mutilación genital femenina. De alguna forma, entendíamos que si nuestras principales clientes eran mujeres, sería más fácil que empatizaran con estas iniciativas y todo el mundo saldría ganando.

Plan International decidió apoyarnos también, y empezamos (literalmente) a dar saltos de alegría. ¡Dos de las ONGs más importantes de la escena mundial estaban trabajando con nosotros! En seguida nos dimos cuenta de que ahora teníamos un compromiso muy importante y una responsabilidad muy grande, más allá de la consolidada calidad de nuestros vestidos. 

Y lejos de darnos miedo, nos infundió valor. 

Empezar es muy importante, y decidir por dónde también. Esperamos seguir contándoos por dónde seguimos avanzando, qué más cosas hacemos, y qué cosas tenemos pensadas hacer. Hoy sólo veníamos a hablaros de ese primer movimiento que hizo que viniera todo lo demás. Porque todo viaje, por largo que sea, empieza por un sólo paso.

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